En tiempos dónde el rock asume un carácter por momentos aburridamente institucional, en dónde la gracia contracultural, es cambiada por la filosofía aséptica y maliciosamente correcta de los grandes festivales, quizá la mejor manera de seguir perteneciendo a este, es no tomarse tan en serio los clichés del mismo.
Así en este contexto indoloro de la música contemporánea, aparece el super-héroe Javier Aguirre, cuyo mejores armas parecen ser la caracterización burlesca de todos los estereotipos del modo de vida argento y vigilante.
Los paisajes del “white trash criollo” y sus ruinas son usadas por Javier Aguirre, como combustión, para desarrollar o en todo caso, desinfectar esos demonios, a través de su arte.
Saber contar los trapitos sucios e irrisorios que por lo general nos recorren como seres humanos es un arte sagrado y por lo general mal utilizado. Javier Aguirre demuestra no solo ser un artesano excelso de este “don angelical”, sino que a la vez motoriza procesos de canciones espontáneas, políticamente incorrectas para cierta manera snob de entender la música y también sin caer en “infanticidios” que por lo general uno escucha.
El fútbol por televisión, esa amante eterna y fiel, de todos los hombres argentinos, el recuerdo imborrable de la mala leche del árbitro que cobró el penal, en la final del mundial de 1990 que Argentina perdió con Alemania reflejada en la minimalista “Turro Edgardo Codesal”, es sólo una muestra de cómo Javier, logra poner el imaginario del fútbol como lugar de contención y aceptación, para todos los perdedores y soñadores del país.
Ni hablar de la canción “Iba a Llamarla”. Emotiva y arengadora desde el inicio, la letra es una oda a todos los “slackers” argentinos : “Ella me abandonó, pero el fútbol aún me ama. Y aunque voy a extrañarla de noche y de mañana, hay otras piernas, que por suerte se meten en mi cama: son las de Juan Román, las del pibe Valderrama. Y voy a adivinar: aunque el mundo es tan grande, se va a poner de novio con un gil, que odie el fútbol”.
La “Cancha Rayada”, de Javier Aguirre, es en realidad un mapa sociópata de toda la disfuncionalidad que recorre a los románticos perdidos en su propia decadencia y que terminan usando como paliativo de eso, la narración de sus propias experiencias de “bajo vuelo”, pero increíblemente representativas.
Así, pasan la cumbia “Caderas”, (que termina con un solo de guitarra que parece extraído de una banda de Soft Metal de los 80’), el blues eléctrico “Domingo Lamas”, la marcha “patriótica”, “El General” o “Mi YernoBill”.
Luego viene uno de los mejores temas del disco. Orquestada viene la jugarreta musical de “Javi” Aguirre y sigue cayendo bien parado, “Le Monde Diplomatique”, esa que ácidamente narra que todo lo afrancesado en este país, en realidad tiene la esencia de cualquier “pumper nic”: La apariencia ilustrada, choca contra la carne animal..
Cerrando el disco, aparece quizá una de las mejores canciones del disco, “La empleada más linda del puesto de Peaje”. Poesía del perdedor eterno que se enamora de una chica que siempre uno mira con los ojos más obvios: la empleada de un peaje, y que en su soliloquio existencial, en lugar de hundirse como alfonsina en el mar, termina ahogándose con el pasto, y como dice la letra, “La empleada más linda del peaje, un día se rayo, y dejó la cabina para siempre. Como si fuera Alfonsina, se hundió en el pasto, nadando entre las olas de maíz”.
Agitador pero noble perdedor, alarido de misoginia que termina con el corazón roto, disfuncional pero humanamente falible y real, resulta ser el arte o el juego que intenta de la misma hacer Javier Aguirre, para narrar mini-historias con las que cualquier “hijo de vecino” podría identificarse.
El disco fue se grabó durante el 2009, en los estudios en Casalinda, Almagroggy 2.0 y “El Estudio de Murray”, y del mismo participaron además de Javier Aguirre, Matías Carmona, Victoria Pellegrini, Juan Manuel Aguirre, Eduardo Aguirre, Fernando Aguirre, Adrián Felcman y Mathias Harbek.
Todos los temas fueron compuestos y producidos por Javier Aguirre.
A escuchar con atención, “Turro Edgardo Codesal”, “Iba a Llamarla”, “Caderas”, “Le Monde Diplomatique” y “La Empleada más linda del puesto de peaje”.
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